Tenía 20 años cuando apareció en mi vida, para convertirse en un parte aguas, nunca te lo dije, pero cuando supe aquel día mientras me contabas emocionado que tu madre era Tauro y tu padre Acuario, y me di cuenta del día en que naciste, supe en esa parte profunda de mi alma que tu visita a mi espacio no era ninguna casualidad, aunque estaba en medio de un proceso de sanación, y que nuestra reunión parecía más laboral que personal, desde aquel abrazo ya se respiraba algo más, después vino tu comentario, esa relación de números perfecta, y entonces pensé que la vida me había regresado aquello que me había arrebatado siete años atrás.
Y así, casi al cumplir mis 21 llegó Diego, con toda esa cantidad inmensa de información, de ideas, de convicciones y de libertad como nunca antes había visto en una persona.
Cuando la vida me rebautizo con este nombre que porto orgullosa KI, él tuvo mucho que ver con esto, en ese entonces él era una persona sumamente espiritual, yo venía teniendo conflictos con las creencias y el sistema; los tuve desde siempre, pero no tenía idea a dónde canalizarlo. Pero el universo me lo mando, lo mando para que fuera la guía que yo necesitaba y sucedió casi igual, él llegó un día después de una caída que tuvo Padre de una escalera, estaba en terapia intensiva con una fractura en el cráneo, y ahí estaba Diego, con el animo que sostuvo a todos por cada día que el estuvo aquí, su venida no tuvo ningún plan romántico, nada estuvo premeditado, las cosas, la "magia" sucedió al vernos, al hacer contacto físico, al abrazarnos cuando nos vimos por primera vez... y fue increíble, así como sucedió con nosotros, y fue inevitable, porque ahora sé que son la clase de cosas de las que no puedes escapar, a las que estás destinado a vivir aunque intentes evadirlas, algo poderoso viene a cambiar toda tu existencia y a preguntarte si estás feliz donde estas y siempre al final la única opción que queda es fortalecer QUIÉN ERES.
Diego me decía Kiwi, por los ojos, éramos amigos, hablábamos mucho, me explicaba todo aquello en lo que creía, era hijo único, su madre estaba muy enferma, el la cuidaba pero se las arreglaba para poder ser un poco independiente de todo eso, hacía siempre muchas cosas, con tanto carisma, con el don por la gente, y con la maravilla de amar enseñar todo aquello que el aprendía, amaba los deportes extremos y tenía bien marcados sus sueños, y trabajó tan duro para hacerlos realidad que al momento de suceder no pude oponerme, al contrario, si le faltaban plumas a sus alas, yo se las puse...
Intentó siempre hacerme saber lo maravillosa que era, lo increíble que había en mi, dentro y fuera, conocí tantas cosas, descubrí la cantidad de posibilidades en la vida, descubrí el poder en mi interior, y descubrí mis propias capacidades, pero todo fue claro hasta el momento en que el se fue. El quería irse a NZ, yo lo sabía, mi alma también, así que vivimos una relación de pocos meses que lo fue todo, él me hizo prometerle que yo dejaría la ciudad donde nos conocimos por algo mejor, donde pudiera poner en práctica todo eso que yo amaba y sabía hacer, me hizo prometerle que sucedería en menos de un año o en un año y lo hice. Conocí el amor detallista y romántico, la correspondencia antigua, esperaba las cartas lentas, las postales, y toparme entre mi ropa algún recado que había dejado meses antes de su partida, y descubrí lo que es bueno merecer, que alguien te quiera, que es bueno dejarte amar, que es lindo recibir detalles, que es lindo que seas el todo para alguien.
Un día entre tantas platicas espirituales, descubrí que creo en Dios, pero no en la iglesia, conocí muchas más filosofías, muchas más formas de estar cerca de mi Dios, me hice adicta al incienso, a los ojos turcos, a los duendes, a leer y querer saber siempre más, y me deje ser, conocí a los seres de luz cuando el se marchó, en medio de una regresión; me conecte a mi centro, y lo ame sin reservas.
Otro día me dedico una canción, de James Blunt, You are beautiful... en la dedicación me llamó Ki, y cuando lo hizo me retumbo hasta el centro de mi universo... sentí como se me pegaba el alma al cuerpo y me abrace a ese sonido, ese sonido que era tan yo, y tan lleno de todo eso que yo deseaba ser y era, así nació Ki... cuando él me explico el significado, fue como gritar ¡Eureka!...
Festeje mis 21 a su lado en la gran ciudad, y con la leyenda de los 7 y los cambios que hay en la vida cada siete años, y no tenía idea de que era tan cierto hasta que se fue y todos esos cambios llegaron con su ausencia...
Era junio.. y había llegado el momento... el se iría finalmente y decidimos no despedirnos en el aeropuerto, así que me llevó a la terminal de autobuses para que yo volviera a mi realidad con todas esas herramientas para poder hacer el camino de mi vida, ese que se elige cuando descubres que la convicción es personal. Entonces nos despedimos, donde juré que nadie nunca más pisaría una terminal a mi lado. (no sucedió hasta que llegaste tú). Así que llegó el momento cruce del lado del autobus mientras el del otro lado del cristal dibujaba un corazón enorme y repetía las palabras más dulces y dolorosas del mundo... me fui... hecha un mar de lágrimas, me fui a hacer mi vida y lo deje volar... hasta que se me ocurrió la idea de ir hacia el, pero me detuvo en seco, el sueño era de el, no mío, y los sueños de los demás no se adoptan, se comparten, y mi sueño no estaba a esa distancia ni a esa latitud, así que me fui a vivir a Cuernavaca, porque tenía tanto de el, y porque todo lo que aprendí de mi misma estaba ahí, Ki nació ahí y ahí elegí vivir. Y el universo conspiró, y todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos, Diego llegó a mi vida para darle sentido a mis convicciones personales, para ayudarme a descubrir mi fuerza, mi fe, mi capacidad... siete años después llegaste tú...
Nacieron el mismo día, el mismo año, llegaron en una etapa siete, y ahora estoy intentado descubrir las herramientas que dejó tu paso en mi vida...
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