Tenía el cabello tan largo, como todas las historias que se tejieron en el, algunas se enredaron y se hicieron nudos, como también las otras que cubrían lo que no podía aceptar; intenté cambiarlo de color, de forma, pero siempre era largo, quise hacer tantas cosas con el, que terminé dañándolo, pero seguía conservándolo, hasta que un día me percaté, uno no puede estar cargando con la muerte en las espaldas, ni dejarlo caer en los hombros, ni cubrirse el pecho con algo sin vida.
Era dos de septiembre, cuando me liberé de toda esa muerte, empece por el cabello, seguí con fotografías, queme cartas, saque en un vitrina transparente lo peor de mi, que no es mayor a todo lo mejor, pero lo saqué porque no lo quiero aquí.
Las historias continúan, y morirán, y el cabello crecerá, y también se irá.
El cabello crece, me repetí una y otra vez antes de dormir, cortarlo no duele, sólo habrá que darle tiempo para que esté a la medida ideal, tiempo, sólo eso.

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