domingo, 29 de septiembre de 2013

De Profundis


Espero que nuestro encuentro sea como debería ser un encuentro entre tú y yo, después de todo lo ocurrido. En los viejos tiempos hubo siempre un ancho abismo entre nosotros, el abismo del Arte conseguido y la cul- tura adquirida; ahora hay entre nosotros un abismo todavía mayor, el abismo del Dolor; pero para la Humildad nada es imposible, y para el Amor todo es fácil.
En cuanto a la carta con que respondas a ésta, puede ser todo lo larga o corta que tú quieras. Dirige el sobre al Director de la Prisión de Rea- ding. Dentro, en otro sobre abierto, pon tu carta para mí: si el papel es muy fino no escribas por los dos lados, porque así a otros les cuesta tra- bajo leer. Yo te he escrito con total libertad. Tú me puedes escribir igual. Lo que he de saber de ti es por qué no has hecho ningún intento de es- cribirme, desde el mes de agosto del año antepasado, y más particular- mente después de que, en mayo del año pasado, hace ahora once meses, supieras, y reconocieras ante otros que sabías, cuánto me habías hecho sufrir, y cómo yo era consciente. Un mes tras otro esperé noticias tuyas.Aunque no hubiera estado esperando, aunque te hubiera cerrado la puerta, deberías haber recordado que nadie puede cerrar las puertas al Amor para siempre. El juez injusto del Evangelio acaba por levantarse para dar una decisión justa porque la justicia llama todos los días a su puerta; y de noche el amigo en cuyo corazón no hay amistad de verdad cede al cabo ante su amigo «por su importunidad». No hay cárcel en el mundo que el Amor no pueda asaltar. Si eso no lo has entendido, es que no has entendido nada del Amor. También quiero que me cuentes todo
lo relativo a tu artículo sobre mí para el Mercure de France. Algo sé de él. Dame citas literales. Está compuesto en letras de molde. Dame tam- bién las palabras exactas de la dedicatoria de tus poemas. Si están en prosa, cita la prosa; si en verso, cita el verso. No me cabe duda de que será hermosa. Escríbeme con toda franqueza sobre ti; sobre tu vida; tus amigos; tus ocupaciones; tus libros. Háblame de tu libro y su acogida. Lo que tengas que decir en tu descargo, dilo sin miedo. No escribas lo que no sientes: eso es todo. Si en tu carta hay algo de falso o fingido, lo de- tectaré en seguida por el tono. No por nada, ni en vano, en mi culto de toda la vida a la literatura me he hecho
Miser of sound and syllable, no less Than Midas of his coinage.
[Avaro de sonidos y de dabas, / como Midas de sus monedas.]

Recuerda también que aún estoy por conocerte. Quizá estemos aún por conocernos.
Acerca de ti no me queda más que una última cosa que decir. No te dé miedo el pasado. Si te dicen que es irrevocable, no lo creas. El pasado, el presente y el futuro no son sino un momento a la vista de Dios, a cuya vista debemos tratar de vivir. El tiempo y el espacio, la sucesión y la ex- tensión, son meras condiciones accidentales del Pensamiento. La Imagi- nación puede trascenderlos, y moverse en una esfera libre de existencias ideales. Las cosas, además, son en su esencia lo que queremos que sean. Una cosa es según el modo en que se la mire. «Allí donde otros», dice Blake, «no ven más que la Aurora que despunta sobre el monte, yo veo a los hijos de Dios clamando de alegría». Lo que para el mundo y para mí mismo parecía mi futuro, yo lo perdí irremisiblemente cuando me dejé incitar a querellarme contra tu padre; me atrevo a decir que lo había perdido, en realidad, mucho antes. Lo que tengo ante mí es mi pasado. He de conseguir mirarlo con otros ojos, hacer que el mundo lo mire con otros ojos, hacer que Dios lo mire con otros ojos. Eso no lo puedo conse- guir soslayándolo, ni menospreciándolo, ni alabándolo, ni negándolo. Únicamente se puede hacer aceptándolo plenamente como una parte inevitable de la evolución de mi vida y mi carácter: inclinando la cabeza a todo lo que he sufrido. Cuán lejos estoy de la verdadera templanza de ánimo, esta carta con sus humores inciertos y cambiantes, su sarcasmo y su amargura, sus aspiraciones y su incapacidad de realizar esas aspi- raciones, te lo mostrará muy claramente. Pero no olvides en qué terrible escuela estoy haciendo los deberes. Y aun siendo como soy incompleto eimperfecto, aun así quizá tengas todavía mucho que ganar de mí. Viniste a mí para aprender el Placer de la Vida y el Placer del Arte. Acaso se me haya escogido para enseñarte algo que es mucho más maravilloso, el sig- nificado del Dolor y su belleza. Tu amigo que te quiere,
Oscar Wilde

No hay comentarios: