El se acerco, bajo las cobijas, necesitaba saber que estaba respirando, ella sentía su miedo y era incómodo, así que hizo un pequeño sonido, sólo para calmar el ruido tan callado de su miedo para que la dejara en paz, entonces su calma, el subió las cobijas, la vio respirar, la escuchó. Pero no vio la herida que sus palabras le provocaron la noche anterior.
Se retiró tranquilo, y cerró la puerta, dejándola ahí con la herida abierta, sin telescopio esta vez...
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